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Hook
y Dantxa
En 1995 a la vuelta de las vacaciones estivales, me detectaron un cáncer
de mama. Yo tenía un precioso cocker en ese momento, pero la fatalidad
quiso que se pusiera enfermo en la misma época, Hook murió
un año más tarde.
Todo fue muy rápido, el diagnóstico, las pruebas, y en diez
días la operación. Asimilar en tan poco tiempo que padeces
un cáncer, que te han extirpado un pecho con metástasis
en los ganglios linfáticos, no es nada fácil. Volví
a casa con el brazo pegado al cuerpo, sujeto con un pañuelo.
Por prescripción facultativa, cada día tenía que
hacer una tanda de ejercicios, y dolía, como dolía, parecía
que me iban a arrancar el brazo, y ahí estaba Hook, moviendo la
cola y siguiendo mis movimientos, esperando paciente que terminara para
llevarlo al parque. Los primeros días no le bajaba la pelota, bastante
tenia con sujetarle la correa con la única mano servible, pero
él no lo entendía, buscaba la pelota insistentemente, yo
me sentía fatal, no le podía explicar que tenía un
brazo inservible, así que decidí solucionar esta situación
tan incomoda para los dos, bajaría la pelota.
Hook estaba contento, volvía a jugar con su pelota. Al principio
utilice la mano buena, pero después pensé, si tiro con el
brazo operado sin hacer demasiado esfuerzo, me recuperaré antes.
Claro que él que no entendía nada, la pelota caía
en mis pies. Sin darme cuenta, poco a poco fui despegando la mano del
cuerpo, después el brazo, y cuando al mes volví al cirujano
para que me enviase al fisioterapeuta, me dijo que no era necesario pues
tenía el 100% de movilidad, no entendía mi recuperación.
Le explique mis juegos con Hook, y que no se conformaba con que le tirase
la pelota dos o tres veces, podíamos pasar con este entretenimiento
hasta tres cuartos de hora. Yo no era consciente de que eso suponía
un ejercicio extra para mí, pero gracias a ello, tuve la suerte
de evitarme las aburridas –pero necesarias- sesiones de fisio posteriores
a la intervención.
Cuando
murió Hook decidí estar un tiempo sin animal de compañía.
Yo soy consciente de que me ayudó mucho en mi enfermedad, al vivir
sola, era el único ser vivo que estaba día y noche a mi
lado, durante el periodo de baja en el trabajo que duró 18 meses, |
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sólo nos separábamos cuando tenía que ingresar para
hacerme los tratamientos de quimioterapia. Nos entendíamos tan
bien, habíamos pasado tantas cosas juntos, que sentía que
tenía que pasar un tiempo hasta volver a tener otro perro.
La mala fortuna quiso que el junio del 2002 me operasen de un pequeño
nódulo en el cuello, nada sin importancia, pero resultó
ser una metástasis del cáncer anterior. Y de nuevo la quimioterapia,
la radioterapia, la baja, etc. etc. Un día me di cuenta que eran
las 12h. y yo sin vestirme, sin desayunar, con un poco de ansiedad, como
una zombi por la casa. Me dije, Pepa el próximo paso es la depresión,
tienes que buscarte mecanismos de defensa. O pides ayudas, o caes en el
pozo. Y me acordé de un programa de televisión que hablaban
de SOS Galgos, busqué en Internet y me puse en contacto con ellos,
se dedican a rescatar galgos que abandonan los cazadores -la mayoría
de veces en pésimas condiciones- y los que pueden del único
canódromo que hay en España.
Y así apareció Dantxa en mi vida, es una preciosa galga
negra de siete años, con unos ojos almendrados de color miel. Es
muy tranquila, no tira, va a mi paso. En los paseos siempre hay alguien
que se acerca a nosotras para acariciarla, es muy llamativa, no hay por
aquí muchos de su raza.
Me obliga a salir varias veces al día, y os puedo asegurar que
cuando estoy con el tratamiento, no tengo ánimos de nada, pero
es igual Dantxa necesita pasear, y yo también. En la calle nos
distraemos, hablamos con los vecinos, vamos al parque, mientras yo leo
la prensa, ella se estira como un lagarto en el césped, le encanta
el sol. En función a mi estado general, el paseo es mas largo o
mas corto, ella se adapta a mi ritmo, y eso es fundamental para mi. Cuando
volvemos a casa las dos estamos contentas, hemos movido la musculatura
y nos ha dado el aire.
Cuando me dicen que suerte ha tenido Dantxa con llegar a mi casa, yo les
digo que no, que la suerte la he tenido yo. Gracias a su compañía
y las obligaciones que esto conlleva, mi enfermedad es mucho más
fácil de llevar. Estoy convencida de que en mi estado, y sola,
mi actitud ante la vida tendría un punto gris, que ahora os puedo
asegurar categóricamente, que lo tengo de colores.
Pepa Azuaga
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