EN MEMORIA DE PEPA

 

...Queremos dar un homenaje a Pepa Sanchez Azuaga, que hoy nos ha dejado. La conocimos cuando adoptó la galga Dantxa, y pronto se convirtió en amiga incondicional, que se apuntaba a todo, dando siempre su apoyo a la lucha para la defensa de los galgos. Pepa, tu fuerza física se ha acabado, pero tu espiritu nunca sera débil. Te has ido a un lugar donde podras tener a muchos galgos en tus brazos que han estado esperando un angel entre ellos.

Tu felicidad brillará y estarás siempre en los corazones de los que tocastes en tu vida demasiado corta.Pienso en todos los maravillosos galgos que han ido allá y que te estarán recibiendo. Pepa, serás el angel guardian de todos los galgos todavia en este mundo, y los velarás hasta que encuentren sus familias definitivas.

Pepa nunca se escondió de su enfermedad y Dantxa la ayudó mucho en su dura batalla. Aqui va una carta escrita por ella hace poco, que fue publicada en la revista Animalia

 

Hook y Dantxa


En 1995 a la vuelta de las vacaciones estivales, me detectaron un cáncer de mama. Yo tenía un precioso cocker en ese momento, pero la fatalidad quiso que se pusiera enfermo en la misma época, Hook murió un año más tarde.


Todo fue muy rápido, el diagnóstico, las pruebas, y en diez días la operación. Asimilar en tan poco tiempo que padeces un cáncer, que te han extirpado un pecho con metástasis en los ganglios linfáticos, no es nada fácil. Volví a casa con el brazo pegado al cuerpo, sujeto con un pañuelo.


Por prescripción facultativa, cada día tenía que hacer una tanda de ejercicios, y dolía, como dolía, parecía que me iban a arrancar el brazo, y ahí estaba Hook, moviendo la cola y siguiendo mis movimientos, esperando paciente que terminara para llevarlo al parque. Los primeros días no le bajaba la pelota, bastante tenia con sujetarle la correa con la única mano servible, pero él no lo entendía, buscaba la pelota insistentemente, yo me sentía fatal, no le podía explicar que tenía un brazo inservible, así que decidí solucionar esta situación tan incomoda para los dos, bajaría la pelota.


Hook estaba contento, volvía a jugar con su pelota. Al principio utilice la mano buena, pero después pensé, si tiro con el brazo operado sin hacer demasiado esfuerzo, me recuperaré antes. Claro que él que no entendía nada, la pelota caía en mis pies. Sin darme cuenta, poco a poco fui despegando la mano del cuerpo, después el brazo, y cuando al mes volví al cirujano para que me enviase al fisioterapeuta, me dijo que no era necesario pues tenía el 100% de movilidad, no entendía mi recuperación. Le explique mis juegos con Hook, y que no se conformaba con que le tirase la pelota dos o tres veces, podíamos pasar con este entretenimiento hasta tres cuartos de hora. Yo no era consciente de que eso suponía un ejercicio extra para mí, pero gracias a ello, tuve la suerte de evitarme las aburridas –pero necesarias- sesiones de fisio posteriores a la intervención.

Cuando murió Hook decidí estar un tiempo sin animal de compañía. Yo soy consciente de que me ayudó mucho en mi enfermedad, al vivir sola, era el único ser vivo que estaba día y noche a mi lado, durante el periodo de baja en el trabajo que duró 18 meses,

 

sólo nos separábamos cuando tenía que ingresar para hacerme los tratamientos de quimioterapia. Nos entendíamos tan bien, habíamos pasado tantas cosas juntos, que sentía que tenía que pasar un tiempo hasta volver a tener otro perro.


La mala fortuna quiso que el junio del 2002 me operasen de un pequeño nódulo en el cuello, nada sin importancia, pero resultó ser una metástasis del cáncer anterior. Y de nuevo la quimioterapia, la radioterapia, la baja, etc. etc. Un día me di cuenta que eran las 12h. y yo sin vestirme, sin desayunar, con un poco de ansiedad, como una zombi por la casa. Me dije, Pepa el próximo paso es la depresión, tienes que buscarte mecanismos de defensa. O pides ayudas, o caes en el pozo. Y me acordé de un programa de televisión que hablaban de SOS Galgos, busqué en Internet y me puse en contacto con ellos, se dedican a rescatar galgos que abandonan los cazadores -la mayoría de veces en pésimas condiciones- y los que pueden del único canódromo que hay en España.


Y así apareció Dantxa en mi vida, es una preciosa galga negra de siete años, con unos ojos almendrados de color miel. Es muy tranquila, no tira, va a mi paso. En los paseos siempre hay alguien que se acerca a nosotras para acariciarla, es muy llamativa, no hay por aquí muchos de su raza.


Me obliga a salir varias veces al día, y os puedo asegurar que cuando estoy con el tratamiento, no tengo ánimos de nada, pero es igual Dantxa necesita pasear, y yo también. En la calle nos distraemos, hablamos con los vecinos, vamos al parque, mientras yo leo la prensa, ella se estira como un lagarto en el césped, le encanta el sol. En función a mi estado general, el paseo es mas largo o mas corto, ella se adapta a mi ritmo, y eso es fundamental para mi. Cuando volvemos a casa las dos estamos contentas, hemos movido la musculatura y nos ha dado el aire.


Cuando me dicen que suerte ha tenido Dantxa con llegar a mi casa, yo les digo que no, que la suerte la he tenido yo. Gracias a su compañía y las obligaciones que esto conlleva, mi enfermedad es mucho más fácil de llevar. Estoy convencida de que en mi estado, y sola, mi actitud ante la vida tendría un punto gris, que ahora os puedo asegurar categóricamente, que lo tengo de colores.


Pepa Azuaga

 

SOS GALGOS
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