Reproducimos la entrevista publicada en enero 28, 2014 en: «Aashta Las Narices»

Almudena Romero: “Si algún día se debatiera la prohibición de los toros o de la caza con galgo, me encantaría que el voto fuera personal y no de partido”

Si la grandeza de un pueblo se juzga por cómo trata a sus animales, Almudena Romero es de esas personas a las que uno está obligado a conocer. Para ella, el respeto por los animales “inculcado por la educación de mis padres” fue importante. Pero, más que eso, el rescate de un perro que encontró en la calle fue lo que realmente despertó su conciencia animalista. “Esa primera perra se llamaba Oli, era mestiza y ya no está conmigo. Se fue dejando parte de esa conciencia que he ido cultivando después más y más”. Perros y gatos, pero también “vencejos y hasta una cigüeña” (aves protegidas que la entrevistada matiza que fueron entregadas a la Junta de Andalucía) han pasado por su hogar a lo largo de este tiempo.

Llegó a la asociación SOS Galgos en 2003, “gracias a una galga que rescaté en mi pueblo”. Cuenta que “ellos dieron en adopción a Tita y me animaron a buscar oportunidades para más galgos abandonados acogiéndolos en casa”. Su pragmatismo la llevó a rechazar la idea de montar una protectora en casa. Eso, unido a la lucha contra la caza de dicha asociación, la “animó” a trabajar con ellos. “De acoger en casa, pasé a dar galgos rescatados en acogida a otras familias en mi provincia, después en más provincias de Andalucía y fuera de Andalucía y, a la vez, pasé a coordinar las adopciones y los rescates de dichos galgos, a ayudar en la comunicación y a participar en las decisiones de la Junta directiva con mi equipo”, asegura a la vez que recuerda que durante tres años ha sido vicepresidenta de esta asociación a favor de los galgos, de la que es su actual “vicepresidenta de honor”.

En estos años, Almudena se ha topado con la solidaridad ciudadana en muchas ocasiones. Y las anécdotas forman parte de su diario de viaje. Entre otras, recuerda lo sorprendida que se quedó el día que la actriz Maribel Verdú la llamó, tras haber leído un reportaje dedicado a la situación de los galgos en la revista del AVE Sevilla-Madrid. “En un gesto de solidaridad, nos propuso que la foto de la contraportada de la edición dominical del periódico El País donde le habían propuesto salir fuese con varios de nuestros galgos. A eso siguió la aparición en el videoclip Lola de Alejandro Sanz con nuestro colgante de galgo en el cuello y otros gestos como el llevar nuestra camiseta en sus paseos y pedir a sus amigos que la llevaran. Y, por si esto fuera poco, y como gesto valiente y comprometido, la donación del premio de Chocrón Joyeros a nuestra causa, siendo la única donante de dicho premio a una causa animalista”, relata con cariño.

En la actualidad, Almudena convive con dos galgos, Marcela y Baboo. Pero su relación con esta raza canina trasciende con creces el ámbito colaborativo. “Por mi casa han pasado muchos galgos. Nunca he calculado el número pero sí guardo fotos y muchos recuerdos. Ellos están asociados a muchas emociones vividas en estos años y han sido una variable a tener en cuenta, incluso en mis elecciones a nivel personal”, apunta. Ha sido y es, como ella misma explica, “un compromiso basado en el cariño recíproco: ellos dan y tú das; es bellísimo”.

Por desgracia, no todo el mundo parece compartir esta visión. De hecho, muchas personas desconocen que el fin de la temporada de caza marca cada año el inicio de los abandonos y el sacrificio de más de 50 mil galgos en España. Y esa es precisamente la razón de ser de “Febrero, el miedo de los galgos”, un documental dirigido por Irene Blánquez en cuya realización ha colaborado SOS Galgos y que aborda esta problemática. “Creo que aún no somos conscientes del efecto positivo que puede tener este documental para el galgo porque es un proceso que está simplemente naciendo; solo hemos empezado a andar. Llegará a los hogares, a los colegios, a otros países, y es una gran satisfacción haber formado parte de un proyecto así”, manifiesta con entusiasmo.

De estas y otras cuestiones hemos charlado con Almudena Romero.

Aashta Martínez. ¿Eres de las que piensa que cuanto más conoce a los hombres, más quieres a tu perro?

Almudena Romero. No, el cariño a mis perros crece porque se lo merecen sin compararlos con nada o nadie. Con las personas me pasa igual. Yo creo mucho en las personas, es mi fe en ellas y en lo que pueden dar lo que me da fuerzas para continuar con lo que hago. Los perros no se salvan solos, sino gracias a gestos humanos que lo hacen posible.

Creo que todas las personas podemos tener un gesto en un determinado momento que hace grande a la persona y abre un camino a la esperanza en el mundo. No busco ni en mí ni en otros una perfección absoluta, solo trato de mover algo dentro que solucione algo en la vida de un animal; una oportunidad para la persona y para el perro. Decía Albert Camus en su novela El primer hombre que hay seres que justifican al mundo con su sola presencia. Yo creo que todos alguna vez hemos justificado al mundo con nuestras acciones.

A.M. Decía un filósofo alemán que “Auschwitz empieza donde quiera que alguien mira un matadero y piensa: sólo son animales”. ¿Se puede ser animalista y comer chuletones de buey?

A.R. ¡Menuda pregunta! Es un debate difícil que yo dividiría en dos: el consumo de carne y su producción. En cuanto al consumo, hubo una época en que el hombre no conocía la agricultura y sobrevivía alimentándose de carne y de recolectar frutos silvestres; incluso hay estudios que hablan de que nos comíamos entre nosotros mismos. De esa época a esta ha llovido mucho y el hombre puede elegir una opción de consumo en la que no entre la carne pero a su vez ha entrado en una serie de difíciles contradicciones. Si eres vegetariano quizás no comes carne ni sus derivados en tu dieta pero tus animales comen piensos que sí la llevan y acabas consumiéndolas en productos de otro tipo que no son de la dieta, ya sean medicinales, de belleza o de vestido.

Es un estrés estar todo el tiempo investigando y creo que te pasas la vida mirando las etiquetas. Existe, además, menos empatía hacia los peces que hacia los animales de sangre caliente y, sobre todo, hacia los que tienen pelo. Y así podría seguir un rato. Hablo de todo esto porque también yo pienso mucho sobre este tema y por eso llega un momento en que me paso a la otra parte, es decir, la de los que nos venden la carne.

A.M. ¿A qué te refieres?

A.R. Yo creo que la industria cárnica, hoy por hoy, es la industria legal más condenable por varios motivos. Primero por lo que contamina, pues es culpable en gran parte del efecto invernadero. Segundo, por el consumo desaforado de carne que genera su política de explotación de bajo coste que conlleva unos precios muy bajos y el sufrimiento para muchos animales hacinados y maltratados en las factorías desde que nacen para luego acabar transportados y sacrificados de la manera más indigna. Tercero, por toda la carne que se tira en las grandes superficies y los comercios. En fin, por tantas cosas que todos deberíamos contribuir, ya sea disminuyendo o eliminando la demanda de sus productos y cuestionando el funcionamiento de estas industrias, seamos o no consumidores de carne.

Creo que si se reflexionara sobre la producción antes que sobre el consumo, que ya hemos visto que es ardua tarea, y todos visitásemos una factoría de animales o un matadero, veríamos claro que hay que empezar a cambiar las cosas por ahí y, después, plantearnos cada uno si queremos consumir cualquier derivado de esta industria. Desde luego, y repito, no aceptar este modelo productivo de la carne, seas consumidor o no.

A.M. ¿Cuáles son los falsos mitos en torno a los galgos?

A.R. Los más falsos son los de que necesitan agotarse, que son muy vagos y que tienen un acelerón, después duermen y duermen y vuelven a dormir.

A.M. Tal y como está el patio, ¿no nos iría mejor si en lugar de fomentar la caza de la liebre apostásemos más por la del chorizo?

A.R. Para empezar, le vendría bien a la liebre, después al galgo… Y con respecto a los chorizos, como no me gusta la caza y menos quedarme con uno de esos chorizos, una vez lo cacemos, propongo ese tipo de pesca deportiva donde una vez el pez muerde el anzuelo, lo vuelves a soltar.

Es decir, pillamos a estos peces gordos, les hacemos devolver hasta el último euro que han robado y los volvemos a soltar para que se busquen la vida con lo que les quede legítimamente suyo y, eso sí, inhabilitados para volver a realizar un trabajo con dinero publico. Un día de cárcel de estos impresentables nos cuesta muchísimo a los españoles y siguen siendo parásitos de nuestro dinero. Que trabajen y se paguen sus propios gastos como hacemos los españolitos honrados de a pie.

A.M. ¿Habéis mandado ya una copia del documental “Febrero, el miedo de los galgos” a Génova 13?

A.R. No, por ahora solo estamos organizando proyecciones en cines y salas públicas. Más adelante sí que los haremos llegar a colegios, centros educativos y nos encantaría llevarlo también ante todos los representantes de los ciudadanos. Me gustaría que lo viesen en Génova 13 y en todas las sedes de los partidos, eso sí, pagando ellos el dvd y con factura y pago por banco, que tal y como está el patio ¡te metes en un fregado antes de decir “ay”!

Fuera bromas, el documental no va dirigido a las personas de una facción política, va dirigido a mover la conciencia de las personas, sean del partido político que sean, y a cuantas más personas llegue, mejor que mejor. El documental no es de SOS GALGOS, es de y para los galgos. La productora nos ha permitido darles voz y esperanza.

De hecho, y volviendo a los políticos, si algún día se votara la prohibición de los toros o de la caza con galgo en el Congreso, me encantaría que el voto fuera personal y no de partido, ya que me parece que son cuestiones tan personales como la compasión o la empatía que están por encima de las ideas políticas, es una cuestión de sensibilidad personal. No es la votación sobre si se termina o no el Canal de Panamá; pertenece a la órbita más íntima de una persona y yo apelo a esa sensibilidad.

A.M. ¿Consideras justo para los animales nuestro Código Penal?

A.R. Nuestro código penal posee leyes que castigan el maltrato animal, siempre susceptibles de mejora, está claro. Pero el único problema no es ese, sino que hay dos vinculados al maltrato que van paralelos a la imposición de penas. Con uno nos topamos antes de la imposición de dichas leyes y supone el miedo al maltratador, el miedo a ser rechazado por una sociedad que no considera el maltrato animal como un delito grave y la imposibilidad que tiene la propia victima de reconocer e inculpar a su agresor. Y el otro problema, y no menos grave, surge cuando, una vez aplicada la ley, la víctima de ese delito no se protege por el estado, queda a expensas de una iniciativa privada que se ve desbordada y sola para atenderlas. A su vez, este hecho nos vuelve al primer punto que es el miedo a denunciar por la desprotección de las victimas. Cuando, por ejemplo, se pone en marcha una denuncia a una perrera, surge la pregunta, ¿qué pasará con los animales que están allí? Y eso condiciona cuando no debería hacerlo, la denuncia de maltrato se debería hacer sí o sí.

Es más, mucha gente desconocerá que hay estudios que demuestran que la mayoría de asesinos en serie comenzaron torturando y matando animales en su infancia…

Yo creo en los resultados de esos estudios, creo que cuando alguien hace daño y disfruta con ello, no mira quién es su victima, es solo su herramienta para sacar toda la inmundicia que lleva dentro. La víctima, animal o persona, es secundaria para él.

A.M. ¿No nos está dando gato por liebre un Gobierno que prioriza las corridas de toros antes que la inversión en sanidad o educación?

A.R. Yo creo que el actual gobierno es consciente, no sé si por datos reales o por reducción al absurdo, de que muchos de sus votantes son taurinos y quiere tenerlos contentos para no perder su voto. Pero aun así, no puedo comprender que dejen a un lado la sanidad o la educación, nunca se dejan de lado esas dos partidas para priorizar otras, sean los toros o la fabricación de tanques.

Me declaro absolutamente antitaurina, siento en mí que es algo atávico, ni siquiera sabía que existía esa palabra y ya lo era. La tortura de un animal en público para mí no tiene excusa.

No conozco los programas que proponen los grupos antitaurinos, porque no puedo abarcar más, pero creo que estos deben pasar por proponer un uso sostenible de las dehesas que son los ecosistemas donde habita el toro bravo y del toro bravo en sí.

Nosotros proponemos acabar con la caza y con la cría masiva de galgos y que estos sean animales de compañía, cosa que con el toro bravo veo complicado y no hace falta explicar el porqué, aunque están el turismo y otras opciones. En la vida hay siempre opciones, nada es blanco o negro, me niego a pensar que la existencia del toro bravo pasa por su muerte en una plaza, no me venden eso ni me lo podrán vender.

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