En septiembre hará un año que Sombra entró en nuestras vidas y poco queda de esa galga asustadiza de mirada tímida. Llegó temerosa al trato con la gente, cualquier ruido la asustaba y evitaba salir a la calle por miedo a los coches.

Poco a poco se fue adaptando a nosotros y ahora es una más de la familia. Ha hecho un montón de amigos caninos por la zona con los que se reúne cada tarde para jugar, esto le ha ayudado a volverse más sociable y más segura.

Si hay un adjetivo que defina a Sombra es dulzura, es una perra muy agradecida. Se ha vuelto alegre y juguetona, aunque a veces cuesta levantarla del sofá, es un poco vaga.

Los niños la adoran y ya nos hemos acostumbrado a que nos paren por la calle para acariciarla.

Nunca había visto perro más noble, desprende tranquilidad y bondad.

Ana

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